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Las cinco peores decisiones financieras que podés tomar

- Créditos: @shutterstock
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“Cuando suena la campana, te sacan el banquito y uno se queda solo”. El autor de esta frase es Ringo Bonavena, el boxeador argentino entre los pesos pesados hace más de medio siglo.

Su afirmación puede extrapolarse tranquilamente al universo de las finanzas personales: las decisiones financieras se toman en la más absoluta soledad. Sin embargo, a diferencia de los boxeadores, que se entrenan antes de una pelea, la mayoría de las personas toma decisiones vinculadas con su dinero sin entrenamiento previo, lo que suele derivar en resultados adversos.

En columnas anteriores hemos visto cuáles son las mejores decisiones financieras que una persona puede tomar. Para tener una mirada más completa, hoy abordaremos la dimensión contraria: cuáles son las cinco peores decisiones financieras de la actualidad, aquellas que, definitivamente, no debemos tomar.

¡Comencemos!

1) Gastar dinero en el casino, lotería u otros juegos de azar

Estadísticamente hablando, es mucho más probable que nos caiga un rayo en una noche de tormenta que acertar los números ganadores de la lotería. No lo digo yo, lo dicen los estudios encabezados por el profesor Víctor Muñoz, de la Facultad de Ciencias Universitarias de Chile, que halló una probabilidad promedio de 1 en 4,5 millones de ganar el loto.

Y, si hablamos del casino, ya lo sabemos: “la banca siempre gana”.

Por lo tanto, cambiar ahorros por juegos de azar es un camino seguro para vivir en la escasez de dinero, mientras seguimos soñando con que llegue ese día donde daremos “el gran golpe” que nos salvará de por vida.

2) Usar la tarjeta de crédito como una extensión del sueldo

Contrariamente a lo que cree la gran mayoría, comprar en cuotas con la tarjeta de crédito no es conveniente ni siquiera en economías inflacionarias como la nuestra, salvo que estemos hablando de compras a tasa subsidiada, como las que analizamos en esta nota hace un par de semanas.

El plástico que llevás en tu billetera no es una extensión de tu sueldo, sino más bien un acceso inmediato al endeudamiento con tasas que de interés que se encuentran por encima del 100%.

En consecuencia, una de las peores decisiones financieras que podés tomar es comenzar a financiar tu consumo corriente (supermercado, nafta, salidas) con la tarjeta, puesto que solo lograrás cargar con un tendal de deudas que te presionará en el futuro inmediato: tus gastos aumentarán porque deberás afrontar deudas con intereses cada vez más abultados, con lo que tus ingresos serán cada vez más insuficientes y te resultará más difícil generar excedentes monetarios para llevar una vida financiera más o menos tranquila.

3) Invertir en instrumentos que no entendés cómo funcionan

¿Acaso pilotarías un avión sin antes aprender cómo hacerlo? Entonces, ¿por qué invertirías tu dinero en activos cuya naturaleza desconocés? ¿No es igual de suicida?

Les aseguro que se sorprenderían de la cantidad de mails que recibo todas las semanas con consultas de personas que invirtieron en fondos de minería de criptoactivos, fondos agrarios especulativos, fondos de trading de acciones y demás instrumentos que prometían ganancias extraordinarias y aún siguen prometiéndolas.

Cuando se carece de energía o tiempo para estudiar sobre inversiones, la mejor decisión continúa siendo concentrar ahorros en moneda dura y abajo del colchón. La peor es invertir siguiendo el instinto y delegar la responsabilidad última en un ejecutivo de cuenta de un banco o una sociedad de Bolsa que jamás nos compensará por nuestras pérdidas.

4) No poseer un ahorro para emergencias

Muchas son las personas que deciden vivir al día, sin ahorros de emergencia. ¿Cuáles son sus razones? Piensan que es innecesario, que estarían llamando a las desgracias o simplemente les da pereza.

La realidad marca que el ahorro de emergencia (puede ser el equivalente a 6 meses de ingresos) genera dos beneficios extraordinarios que no muchos conocen:

i) Nos da mayor tranquilidad: Una de las mayores fuentes de estrés hoy se vincula con la situación financiera. ¿Cómo voy a pagar el alquiler o mis otros gastos? ¿Qué voy a hacer si me quedo sin trabajo? Con el ahorro para emergencias se reducen considerablemente estas preocupaciones debido a que se pasa a contar con un lapso de al menos medio año para reinsertarse en el mercado laboral o generar otro tipo de ingresos por cuenta propia aprovechando las ventajas del teletrabajo.

ii) Nos protege de las malas decisiones financieras: Poseer un colchón financiero nos permite evitar caer en operaciones perniciosas para nuestro bolsillo, esas que se toman cuando el tiempo y las deudas apremian. Hablamos de préstamos a sola firma con intereses altísimos, deudas con la tarjeta de crédito y el pedido de préstamos a familiares o amigos. Como vimos anteriormente, este tipo de deudas son “pan para hoy y hambre para mañana”. Mediante el uso parcial del fondo de emergencias (y su reposición cuando las cosas mejoren), podemos sortear ese camino.

5) No aplicar la regla 50/30/20

La regla 50/30/20 de las finanzas personales nos enseña que el 50% de los ingresos deben ser destinados a los gastos necesarios, el 30% a los gastos deseados y el 20% restante al ahorro, que luego se convertirá en inversión.

En lo que refiere al 50% que se debe aplicar a los gastos necesarios, podemos vincularlo con los siguientes rubros: gastos en vivienda, obra social, comida, impuestos (sobre bienes necesarios), transporte, entre otros. Es muy importante aquí evitar el autoengaño con los gastos deseados, que mucha gente pretende incluirlos erróneamente en esta categoría.

Los gastos deseados, a los que debemos asignarles un 30% de nuestros ingresos- incluyen, como principales rubros, los siguientes: vacaciones, deportes y gimnasio, mascotas, salidas y hobbies, entre otros. Aquí es donde se suelen cometer los mayores desatinos: encandiladas por el marketing, muchas personas tienden a creer que desean un bien o servicio, cuando bien podrían ignorarlo. El éxito del marketing empresario es total cuando ese bien o servicio pasa a ser considerado necesario.

Por último, el 20% restante (¡o al menos el 10%!) debe destinarse primero a la construcción del fondo de emergencias visto en el punto anterior y, luego, al ahorro, que puede tener varios objetivos: ahorro para consumir, ahorro para invertir y ahorro para emprender.

Conclusión

¿Alguna de estas malas decisiones financieras te suenan familiares? Si es así, no te culpes, aunque sí ocupate de modificarlas para dejar de hacerlo mal. Hay que actuar antes de que sea tarde y la montaña de deudas te tape el horizonte.

En columnas anteriores encontrarás más consejos para cada tema visto hoy. Podés empezar destinándole más tiempo a estas notas y menos a las distracciones que consumen tu libertad.

¡Hasta la próxima semana con más tips financieros!