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Los trabajadores musulmanes franceses parten al extranjero huyendo de un "ambiente sombrío"

Unos clientes hacen fila para comer en un mercadillo de ramadán en la ciudad francesa de Estrasburgo el 29 de marzo de 2024 (Frederick Florin)
Unos clientes hacen fila para comer en un mercadillo de ramadán en la ciudad francesa de Estrasburgo el 29 de marzo de 2024 (Frederick Florin)

Después de ser rechazado en unas 50 entrevistas para trabajos de consultoría en Francia pese a sus amplias calificaciones, Adam, musulmán y graduado en una escuela de negocios, hizo las maletas y puso rumbo a una nueva vida en Dubái.

"Me siento mucho mejor aquí que en Francia", asegura a la AFP este francés de 32 años, de ascendencia norteafricana. "Aquí todos somos iguales. Puedes tener un jefe indio, árabe o francés (...) Se acepta más mi religión", subraya.

Franceses musulmanes, a menudo hijos de inmigrantes, y altamente calificados están abandonando Francia en una silenciosa fuga de cerebros, buscando un nuevo comienzo en ciudades como Londres, Montreal, Nueva York o Dubái, según un estudio publicado en abril.

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Los autores de "Francia, la amas pero la dejas" dijeron que era difícil estimar exactamente cuántos, pero que el 71% de las más de 1.000 personas que respondieron a su cuestionario difundido en línea citaron el racismo y la discriminación como sus causas.

En Francia, "hay que trabajar el doble cuando se pertenece a determinadas minorías", afirma Adam, que pidió que no se publicara su apellido, al igual que el resto de personas interrogadas por la AFP.

El hombre extraña sus amigos, su familia y la cultura francesa, pero asegura que está contento de haber abandonado la "islamofobia" y el "racismo sistémico", así como las detenciones sin motivo de la policía.

- "Ciudadanos de segunda" -

Francia ha sido durante mucho tiempo un país de inmigración, incluso desde sus antiguas colonias en África.

Pero hoy los descendientes de inmigrantes musulmanes que llegaron a Francia en busca de un futuro mejor dicen que viven en un ambiente cada vez más hostil, especialmente desde los ataques yihadistas en París en 2015.

"El ambiente en Francia se deterioró muchísimo. Como musulmanes, se nos señala", estima un banquero franco-argelino de 30 años, que se dispone a poner rumbo a Dubái en junio.

Este hijo de una señora de la limpieza argelina y poseedor de dos másteres cree además que se ha topado con un "techo de cristal" en su carrera profesional. "Los musulmanes son claramente ciudadanos de segunda", asegura.

Una ley francesa de 1978 prohíbe recopilar datos sobre los orígenes étnicos o la religión de una persona, lo que dificulta tener estadísticas amplias sobre la discriminación.

Pero numerosos informes e investigaciones señalan desde hace años las discriminaciones que viven las personas de origen inmigrante en la búsqueda de empleo, vivienda, en los controles de policía, etc.

El último informe del Observatorio de las Desigualdades señala que un 60% los franceses se declaran "nada racistas", dos veces más que hace 20 años.

Pero precisa que un candidato a un puesto de trabajo con un nombre francés tiene un 50% más de posibilidades de ser contactado que uno con un nombre norteafricano.

- "Ambiente sombrío" -

La interpretación del principio de laicismo en Francia, que prohíbe todos los símbolos religiosos en las escuelas públicas, también preocupa a algunos de estos musulmanes.

"Hay una verdadera especificidad francesa en este asunto. En nuestro país, una mujer que lleva un hiyab está relegada a los márgenes de la sociedad y le resulta especialmente difícil encontrar trabajo", explicó al diario Le Monde, Olivier Esteves, uno de los autores del estudio publicado en abril.

"En Francia nos estamos asfixiando", afirma un francés de 33 años y de ascendencia marroquí, quien planea emigrar con su esposa embarazada a "una sociedad más pacífica" en el sudeste asiático.

Este empleado del sector tecnológico extrañará la "sublime" cocina y las colas frente a las panaderías, pero quiere huir de un "ambiente sombrío", en el que los canales de noticias parecen tomar a todos los musulmanes por chivos expiatorios.

Aunque ha estado viviendo durante dos años en el mismo bloque de viviendas de París, adonde se mudó después de crecer en sus suburbios de bajos ingresos, asegura que todavía le preguntan qué hace dentro del edificio.

"Esta humillación constante es aún más frustrante, porque contribuyo muy honestamente a esta sociedad como alguien con altos ingresos que paga muchos impuestos", asegura este graduado de una escuela de negocios con un salario mensual de cinco cifras.

Adam, el consultor, advierte que la marcha de los musulmanes con una situación más privilegiada es "la pequeña parte visible del iceberg". "Cuando vemos a Francia hoy, se nos rompe el corazón", asegura.

ah/tjc/zm